No apto para amantes de los animales e impresionables.

La historia transcurre en un futuro distópico donde todos los animales (tanto domésticos como de cría para su consumo) contrajeron un virus muy peligroso para el ser humano y tuvieron que ser sacrificados. Ante la falta total de carne para alimentarse, y después de un tiempo largo de ocurrir en la clandestinidad, el gobierno decide legalizar la cría de humanos para el consumo…humano.
La historia está narrada desde la perspectiva de Matías Trejo, encargado general del frigorífico Krieg. Antes de lo que ellos llaman “la transición” se dedicaban a la manufactura de cabezas de ganado bovino, pero hace ya tiempo que crían lo que ahora llaman solamente “cabezas”, un término usado para evitar a toda costa decir las cosas por su nombre.
Matías se encarga de negociar con los clientes y supervisar todo el proceso del frigorífico, el cual la autora del libro explica detalladamente y de la manera más grotesca posible. Está casado y tuvo un hijo que falleció hace poco, situación que ronda constantemente en su cabeza y en toda la historia. Odia su trabajo. Hace tiempo no convive con su esposa.
Un día recibe como regalo una cabeza, una mujer criada para consumo.
El libro recorre temas cotidianos como las relaciones familiares, la pérdida de los seres queridos y el desamor después de un evento traumático.
Por otro lado plantea escenarios polémicos y nos hace cuestionar qué haríamos como sociedad en el caso de una situación parecida. La normalización de lo impensado, la deshumanización total de seres de la misma especie que la nuestra y la avaricia de la gente son temas que atraviesan constantemente este relato.
Es un libro que no es excesivamente largo, por lo que tardé poco en terminarlo. La historia me atrapó por su crudeza, por las contradicciones internas del personaje principal y por el final totalmente inesperado. Recomiendo que si tienen la oportunidad de conseguir este libro, lo lean.